Wednesday, February 24, 2010

Tedio



Calles tristes, silenciosas,
en las tardes de domingo:
ante los postigos cerrados
el Tiempo bosteza un grito
postergado de metales
imprecisos y aburridos
en la taracea lapidaria
de túmulos variopintos.

Ambiente fantasmal
por el que transito...
¡¡Qué tristeza, Dios mío,
de la calle comercial
en las tardes de domigo!!

Sellados escaparates
por párpados caídos,
metálicos telones,
fríos velos de hastío,
que privan del hallazgo
al ojo desprevenido.

Sensación de cuarentena:
"Cerrado por enfermedad ";
El domingo es enfermizo,
lo saludable es trabajar.

Por estas calles camino,
solitarias, sepulcrales,
con una congoja hiriente
asomada a los umbrales.

¿Dónde está ese bullicio
del pálpito laboral
-las gentes que van y vienen,
los pasos que vienen y van-
cuando un día cualquiera
-salvo el domingo fatal-
los ojos, ahora cerrados,
se abren de par en par?

Hacia adónde vaya la gente
no importa, importa que va
palpitando por la calle,
llenándola de Verdad.

Triste es la tarde de domingo,
y más triste al caminar
por el silencio marchito
de la calle comercial.

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